Cristhian Benalcázar acababa de marcar para el Deportivo Cuenca, pero no corrió a celebrar como cualquier futbolista. Su primer pensamiento estuvo lejos del estadio. El gol tenía destinatario: Jefferson David Benalcázar Folleco, su hermano, desaparecido desde el 27 de diciembre de 2021.
La dedicatoria volvió a colocar frente al país un nombre que su familia se ha negado a dejar caer en el olvido. Detrás de ese festejo hay casi cinco años de búsquedas, versiones contradictorias, llamadas de extorsión y una madre que todavía recuerda con precisión la última tarde en que vio salir a su hijo de casa.
Alexandra Folleco Congo no recuerda una despedida dramática. Recuerda algo mucho más cotidiano. Jefferson se preparaba para salir. Antes de irse, le dijo que quería comprar algo de Navidad para sus dos hijos. Alexandra aprovechó y le entregó un dólar. “Déme trayendo un dólar de mango”, le pidió.
Él respondió como había respondido tantas otras veces. “Tranquila mami, que solo voy al centro y ya le traigo el mandado”. Eran aproximadamente las 17:30 del 26 de diciembre de 2021. Jefferson salió, pero nunca volvió. Tenía 23 años.
Aquella salida no fue improvisada. Su madre cuenta que una mujer había estado llamándolo de manera insistente. Jefferson finalmente acudió a una reunión. Durante varias horas siguió comunicándose con Alexandra. La madre le preguntaba dónde estaba, con quién estaba y cuándo regresaría.

Jefferson le dijo que llovía y que permanecía bajo una carpa. Alexandra, todavía inquieta, le pidió fotografías. Él las envió. En ellas aparecía acompañado por una mujer y los dos hijos de ella.
Después vino otra preocupación: su motocicleta. Alexandra temía que su hijo condujera durante la madrugada. Pidió a sus acompañantes que le quitaran las llaves. Le aseguraron que no había de qué preocuparse, que la motocicleta estaba guardada. Jefferson también intentó tranquilizarla. “La moto guardada, mami”, dijo.
La última comunicación entre Alexandra y su hijo ocurrió cerca de las 02:00 de la madrugada. Después, solo hubo silencio, incertidumbre y un presentimiento que no la dejó dormir.
UNA MOTO APARECIÓ, PERO JEFFERSON HABÍA DESAPARECIDO
La madrugada del 27 de diciembre de 2021 comenzó con explicaciones que después cambiarían. Primero le dijeron a Alexandra que su hijo estaba dormido. Luego le aseguraron que permanecía en casa de otra persona y que por la mañana lo acompañarían para que regresara.
Alexandra llamó nuevamente. Volvió a llamar. Incluso hizo una recarga porque se había quedado sin saldo de tanto insistir. Entonces, según su testimonio, la bloquearon. Horas después llegó la noticia que transformó por completo la vida de la familia: Jefferson no aparecía.
Su motocicleta fue localizada cerca del ingreso a la parroquia Salinas de Ibarra. La primera posibilidad que escuchó la familia fue que el joven habría caído al río. Pero cuando Alexandra vio el vehículo, algo no la convenció.
Según su relato, la motocicleta estaba prácticamente intacta. No tenía daños importantes ni señales que, para ella, fueran compatibles con un accidente de consideración. Además, asegura que faltaban las llaves y la batería había sido retirada.
Comenzaron entonces las búsquedas. Familiares y policías recorrieron el río, ingresaron a cañaverales y caminaron por los alrededores tratando de encontrar cualquier señal.
A varios kilómetros del lugar apareció uno de los cascos de Jefferson. El otro nunca fue encontrado. Tampoco apareció su teléfono celular. Y tampoco Jefferson David.
Mientras avanzaban las primeras diligencias, Alexandra empezó a descubrir situaciones que incrementaron sus dudas.
Sostiene que algunas de las personas que estuvieron con Jefferson aquella noche se habrían presentado ante la Policía como integrantes de su familia antes de que los verdaderos familiares llegaran al sitio.
Según su versión, alguien habría dicho ser la madre, otros se identificaron como hermanos y otro como tío. Cuando Alexandra llegó, asegura que incluso la motocicleta ya había sido retirada. “Yo les decía a los policías: es que yo soy la mamá y no me hacían caso”, recuerda.
Pero esa no fue la única contradicción. Durante el primer día, Alexandra preguntó expresamente si Jefferson había dejado ropa u otras pertenencias en el lugar donde estuvo reunido. La respuesta que recibió de sus amigos fue que no.
Tres días después, una mujer la llamó. Le pidió que fuera sola a su casa. Allí le entregó la gorra y las gafas de Jefferson. Alexandra decidió acudir acompañada de un policía porque consideraba que esos objetos podían tener importancia dentro de la investigación.
Para ella, la pregunta sigue vigente: ¿Porqué dijeron que Jefferson no había dejado nada y días después aparecieron sus pertenencias?
También existen diferencias sobre la última hora en que fue visto. Según Alexandra, algunas personas aseguraron que Jefferson David permaneció en una vivienda hasta aproximadamente las 03:00. Sin embargo, otra mujer le dio una versión distinta. “David salió seis de la mañana, era clarito, yo me acuerdo”.
“ELLOS ERAN INSEPARABLES”: EL DOLOR QUE CRISTHIAN LLEVÓ HASTA LA CANCHA
Después de la desaparición llegaron las llamadas de extorsión. Personas desconocidas aseguraban tener a Jefferson y pedían 5.000 dólares para devolverlo.
Conocían datos personales del joven: su número de cédula, fecha de nacimiento y aspectos de su vida. También enviaron fotografías. Alexandra asegura que después determinaron que esas imágenes habían sido tomadas de Internet. Ninguna llamada permitió encontrarlo.
La búsqueda policial se extendió durante aproximadamente tres meses, aunque la madre afirma que no fue permanente. Hubo semanas con operativos y otras en las que la familia continuó sola El padre, tíos y otros familiares regresaban una y otra vez al río. Alexandra también buscaba. La investigación continúa abierta.
Jefferson trabajaba en una mecánica. Había mostrado interés por una formación vinculada al ámbito militar y tenía dos hijos. Hoy tendría 28 años. Su ausencia, sin embargo, no quedó únicamente en los expedientes. Quedó dentro de su casa.
Sus hijos todavía recuerdan los paseos con su padre. Su madre admite que hay días en los que intenta salir y retomar actividades familiares, pero el recuerdo la detiene. “Desde el día que mi hijo se perdió, para mí se me acabó la vida”, dice entre sollozos.

El sufrimiento también acompaña a Cristhian. Alexandra recuerda que la relación entre sus dos hijos era especialmente estrecha. “Ellos eran inseparables”.
Cada día 27, cuando se cumple un mes más desde la desaparición, Cristhian vuelve a las fotografías de infancia. Su madre cuenta que cuando está en casa se encierra, recuerda a Jefferson David y revive los años que compartieron.
Por eso la dedicatoria del jugador del Deportivo Cuenca tuvo un significado que difícilmente podía explicarse únicamente con una celebración deportiva. Ese gol llevó a la cancha una historia familiar que durante casi cinco años ha vivido entre preguntas.
Alexandra ya no formula su pedido como lo hacía durante los primeros meses. Después de casi cinco años, dice estar preparada incluso para escuchar una verdad dolorosa. “Ahora sí estoy resignada a encontrarle, esté como esté. Que me digan algo, lo que le hicieron”.















