El viaje cambia de ritmo al dejar atrás Ibarra y avanzar por la vía E-10. El paisaje se vuelve más verde, el aire más cálido y las montañas comienzan a cerrarse alrededor de la carretera. Desde la comunidad Rocafuerte, un camino conduce hasta San Jacinto de Chinambí. Allí, entre bosques, ríos y vegetación subtropical, una construcción de grandes ventanales de cristal anuncia la llegada a Casa Grande Eco Lodge, un emprendimiento turístico que nació como una pequeña alternativa de hospedaje y hoy puede recibir hasta 30 personas.
El río Chinambí marca buena parte de la experiencia. Su corriente se escucha desde varios puntos de la propiedad y, durante el verano, forma vados naturales donde los visitantes pueden nadar. A su alrededor aparecen enormes piedras, vegetación tropical y especies de aves que vuelan entre los árboles. En esta zona se han registrado tucanes, pájaros carpinteros y hasta nutrias de río, además de mariposas que pueden alcanzar aproximadamente 25 centímetros.
DE UNA CASA FAMILIAR A UN ECO LODGE PARA 30 HUÉSPEDES

“La historia de Casa Grande Eco Lodge es singular. Tuvimos la oportunidad, entre cuatro hermanas, de crear este maravilloso sitio. Empezamos como un tipo Airbnb, en el cual tuvimos muy buena acogida y, luego de ver toda esa aceptación de los huéspedes, incrementamos el servicio de restaurante, hicimos cabañas y actualmente tenemos espacio para dar acogida en hospedaje hasta 30 personas”, dijo Roxanna Rivadeneira, gerente propietaria de Casa Grande Eco Lodge.
Las habitaciones conservan esa relación directa con el entorno. Sus grandes ventanales permiten despertar mirando el bosque y escuchando las aves. En el interior hay televisión, internet, baño privado y espacios modernos. Afuera, la piscina incorpora una caída permanente de agua y está rodeada por arena blanca; a pocos metros funciona un hidromasaje al aire libre para 10 personas. Entre jardines y senderos también se distribuyen hamacas y zonas de descanso.
Pero el concepto de eco lodge va más allá de la infraestructura. Rivadeneira explica que el proyecto busca vincular turismo y conservación:
“Casa Grande Eco Lodge no es solamente un sitio para hospedarse; es un sitio comprometido con el turismo sostenible. Trabajamos junto con la comunidad para promover la protección del bosque, de las fuentes de agua y de la increíble fauna. Tenemos en el sector especies de ranas y anfibios del género Atelopus, que son indicadores de la salud del ecosistema”.
PRODUCTOS DE CHINAMBÍ PASAN DE LAS FINCAS A LA COCINA
La experiencia también se construye alrededor de la mesa. Los ingredientes utilizados en el restaurante provienen de fincas cercanas. Yuca, plátano verde, tilapia, papaya y otras frutas tropicales son adquiridos a productores de la comunidad. En el desayuno pueden aparecer mochines de yuca con bistec o majado de verde acompañado con huevo, café pasado y jugos; para el almuerzo, el menú incorpora preparaciones con camarón, langostinos, gallina de campo y pescado.

El café también tiene identidad local: los granos cultivados en el sector son seleccionados para preparar la bebida que acompaña las mañanas de los huéspedes. Esta cadena de abastecimiento permite que una parte del movimiento turístico permanezca en las comunidades cercanas y se traduzca también en fuentes de trabajo. Para Rivadeneira, ese impacto es una de las razones que justifican mantener la inversión en una zona rural.
“No es fácil. Para nosotros como familia ha sido un esfuerzo grande, de arrimar hombro con hombro y ayudarnos. Pero ha sido muy positivo, porque somos también un apoyo para la comunidad, se genera empleo, especialmente para mujeres que necesitan esa fuente de trabajo”, manifiesta.
Un día en Casa Grande puede empezar con desayuno, continuar con una caminata hacia los vados del río, un baño en sus aguas cristalinas, descanso en las hamacas, piscina, hidromasaje y almuerzo preparado con productos de la zona. Para quienes no desean hospedarse existe la modalidad Full Day por 12 dólares por persona, que incluye ingreso y almuerzo.
El establecimiento atiende durante toda la semana bajo reservación, entre las 10:00 y las 17:30, mientras que para hospedaje se recomienda reservar con aproximadamente ocho días de anticipación durante la temporada alta.
Desde Ibarra, el recorrido toma aproximadamente una hora y 20 minutos. También es posible viajar en transporte público hasta Rocafuerte y continuar hacia San Jacinto de Chinambí. Las vías permiten el ingreso de automóviles pequeños y buses. Las reservaciones se realizan al 098 021 7295 o mediante las redes sociales de Casa Grande Eco Lodge.

















