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LOS SANJUANES DE IBARRA, LA FIESTA QUE CONVIRTIÓ LA BURLA AL PATRÓN EN UNA TRADICIÓN CENTENARIA

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Danzantes de los Sanjuanes de Yahuarcocha ejecutan sus mudanzas con zamarros y caretas

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Por Christian Tinajero

Mucho antes de que las bandas populares llenaran las plazas o explanadas, las caretas de ojos azules cubrieran los rostros y las chinganas recibieran a miles de visitantes, los actuales Sanjuanes ya comenzaban a construirse en las faldas del volcán Imbabura.

Su origen no está registrado en una fecha concreta, pero la memoria comunitaria y las investigaciones locales permiten establecer que esta celebración tiene cerca de dos siglos de existencia y que nació del encuentro entre las prácticas agrícolas de los pueblos originarios y las festividades religiosas impuestas durante la colonización.

El investigador Fausto Giraldo ubica sus primeras expresiones en el territorio de Caranqui, donde se asentó el pueblo karanki y posteriormente el Imperio inca. La fiesta estaría vinculada con el cierre del ciclo agrícola, el descanso de la tierra y las ceremonias de agradecimiento por las cosechas, antes de que el catolicismo introdujera la celebración de San Juan Bautista.

Con la colonización, las ceremonias relacionadas con el Inti Raymi fueron consideradas paganas y restringidas. En su lugar se impulsaron celebraciones vinculadas con el calendario católico. Sin embargo, las poblaciones indígenas y mestizas no abandonaron completamente sus prácticas: cambiaron los nombres, incorporaron nuevos personajes y adaptaron sus símbolos para mantener la esencia de la festividad.

Es el resultado del sincretismo de dos culturas: la ancestral, originaria, representada en la celebración del Inti Raymi, y la introducida con la colonización, como es la celebración de San Juan desde el catolicismo”, explica Giraldo.

Desde Caranqui, la tradición se extendió hacia los sectores altos de Ibarra, entre ellos Santa Rosa, El Tejar, Santo Domingo de San Antonio y Yahuarcocha, territorios donde convivieron poblaciones indígenas colonizadas y los primeros grupos mestizos. Con el paso del tiempo y la migración, las manifestaciones también llegaron a Alpachaca, Las Palmas, Urcuquí y Calderón, en Quito.

Las coloridas caretas de ojos claros y los pañolones distinguen a los sanjuaneros durante la celebración tradicional de Yahuarcocha.
Las coloridas caretas de ojos claros y barba distinguen a los chivos durante la celebración tradicional de Yahuarcocha. CDN

La celebración no fue solamente religiosa o agrícola. También se convirtió en un espacio donde los trabajadores podían representar, cuestionar y parodiar la estructura de poder de las haciendas. Durante los bailes aparecieron personajes que imitaban al patrón, al capataz y a otros actores de la sociedad colonial, protegidos por disfraces y caretas que impedían reconocerlos.

El baile de San Juan constituiría en sus inicios una forma de parodia o ironía hacia la colonización y su organización social”, sostiene Giraldo.

Las máscaras rosadas, confeccionadas con malla metálica y pintadas con ojos verdes o azules, representaban los rasgos físicos atribuidos a los colonizadores. Además de exagerar su apariencia, permitían ocultar la identidad de quienes participaban en las representaciones y evitar posibles represalias después de la fiesta.

YAHUARCOCHA CONSERVA UNA CELEBRACIÓN DE DOS FINES DE SEMANA

Danzantes ejecutan las tradicionales mudanzas durante los Sanjuanes de Yahuarcocha, una celebración que reúne música, vestimenta y memoria comunitaria.
Danzantes ejecutan las tradicionales mudanzas durante los Sanjuanes de Yahuarcocha, una celebración que reúne música, vestimenta y memoria comunitaria. CDN

En Yahuarcocha, los Sanjuanes mantienen una dinámica particular. La fiesta se desarrolla durante dos fines de semana consecutivos, siempre entre la última semana de julio y los primeros días de agosto. Cada jornada se cumple los días sábado, domingo y lunes, desde las 14:00 hasta las 23:30.

La primera semana está dirigida principalmente a turistas y visitantes de otros sectores. La segunda permite que los habitantes de Yahuarcocha que atendieron sus negocios, restaurantes y puestos de venta durante las primeras jornadas puedan integrarse directamente a los bailes.

Marco Taco pertenece a una familia que ha organizado esta celebración durante cerca de 40 años. La responsabilidad comenzó con su abuelo, continuó con su madre y ahora está en manos de una nueva generación que ha incorporado cambios logísticos sin abandonar los elementos centrales de la tradición.

Nos hemos ido amoldando de acuerdo con el cambio de los tiempos, pero manteniendo la esencia de la tradición y su razón de ser”, señala Taco.

La explicación comunitaria relaciona los Sanjuanes con el momento en que el maíz termina su ciclo, la tierra entra en descanso y comienza la época de lluvias. El baile representa un agradecimiento por la cosecha obtenida y una petición para que la Pachamama continúe sosteniendo el siguiente periodo productivo.

Taco sostiene que la celebración existía antes de la llegada de los incas y que en el antiguo territorio caranqui estaba asociada con el inicio de la hoyanza. Posteriormente fue relacionada con el Inti Raymi y, después de la colonización, recibió el nombre de Sanjuanes.

Cuando llegaron los españoles nos impusieron la tradición religiosa y se cambió el nombre a San Juanes, por San Juan Bautista, pero la esencia se siguió manteniendo”, afirma.

Durante cada temporada, los Sanjuanes de Yahuarcocha convocan a aproximadamente 10.000 personas, entre habitantes de la comunidad, familias de otros barrios de Ibarra y turistas. La afluencia se distribuye durante los dos fines de semana, con una mayor presencia de público los domingos y lunes.

Las chinganas forman parte de ese circuito. Son locales temporales o espacios tradicionales donde se comercializan alimentos, bebidas y productos vinculados con la temporada agrícola. Allí se sirven platos típicos y chicha de maíz, que en Yahuarcocha adquiere una preparación particular al mezclarse con frutas provenientes del valle del Chota y, en algunos casos, con caña.

CHINAS, CHIVOS Y MUDANZAS DAN FORMA A LA FIESTA

Las chinas son uno de los personajes más visibles. Generalmente son interpretadas por hombres vestidos con faldas, camisolas, enaguas, pañolones, sombreros, rosetas y cintas de colores. Una de las interpretaciones históricas sostiene que los trabajadores varones tenían mayores restricciones para participar en las fiestas y que algunos se vestían de mujeres para ocultarse y superar los controles de los patrones.

Los trajes cambian según el territorio. En Santa Rosa y El Tejar, por ejemplo, se incorporan blusas bordadas relacionadas directamente con la vestimenta indígena. En Yahuarcocha predominan las faldas de colores, los pañuelos, las caretas y los adornos que cubren la espalda y la cabeza.

El chivo mayor dirige las mudanzas con su acial, zamarro y careta de larga barba durante los Sanjuanes de Yahuarcocha. CDN

El chivo representa al caporal de la hacienda. Utiliza camisa blanca, sombrero, careta, zamarro y un acial. Su función es encabezar o cerrar el grupo, mantener el orden entre los bailarines, abrir espacio entre los espectadores y dirigir las figuras que se ejecutan durante el recorrido.

La barba de la careta marca la jerarquía del personaje. Mientras más larga y pronunciada es, mayor autoridad representa. El denominado chivo mayor controla al grupo y ordena los cambios de formación.

El chivo es el que guía al grupo de bailarines. Está al frente y al final, organizando la coreografía y haciendo las mudanzas”, relata Taco.

Las mudanzas son las figuras que los danzantes forman mientras avanzan al ritmo de la música. Entre ellas aparecen estrellas, cruces, caminos, escaleras y representaciones similares a los chaquiñanes. Estas coreografías combinan símbolos de la cosmovisión ancestral con imágenes incorporadas durante la evangelización.

En los primeros años, los grupos recorrían las viviendas antes de llegar a la plaza principal. Durante el trayecto recibían alimentos y bebidas, conocidos como diezmos, que servían para sostener a los bailarines durante la jornada. Con el crecimiento urbano, los recorridos fueron reducidos y la celebración comenzó a concentrarse en espacios definidos.

Yahuarcocha conserva además personajes particulares, como la camisola, una figura vestida de blanco que carga un muñeco y representa de forma humorística a la pareja del chivo. Durante el baile entrega simbólicamente al niño, persigue al caporal e interactúa con los visitantes.

También aparece el negro, personaje relacionado con la población afrodescendiente que llegó desde el valle del Chota para intercambiar productos y participar en la fiesta. Tradicionalmente llevaba una canasta con frutas que repartía entre los asistentes. Aunque actualmente es interpretado principalmente por mestizos, la entrega de frutas continúa como parte de la interacción con el público.

SIN BANDA NO HAY SANJUANES

La música es otro componente que ha cambiado con el tiempo. Las primeras celebraciones fueron acompañadas por flautas y bombos. Posteriormente se incorporaron guitarras y otros instrumentos europeos, hasta llegar a las bandas populares y a las actuales agrupaciones con formatos cercanos a una orquesta.

En Yahuarcocha, la Banda Santa Marianita del Olivo mantiene una relación de aproximadamente cuatro décadas con los Sanjuanes. Su presencia no es únicamente musical: forma parte de la historia de las familias organizadoras, pues el abuelo de Marco Taco estuvo entre sus fundadores.

La Banda Santa Marianita del Olivo acompaña con sanjuanitos y música popular las jornadas festivas de Yahuarcocha. CDN

Los músicos interpretan sanjuanitos durante varias horas, con pausas destinadas a descansar, hidratarse y alimentarse. Mientras la banda se detiene, los visitantes recorren las chinganas y los danzantes se preparan para las siguientes mudanzas.

Los Sanjuanes sin la Banda Santa Marianita del Olivo no son Sanjuanes. Todos los años realizamos esta fiesta con la misma banda”, destaca Taco.

Eloy Quimbiulco, es el director de la Banda Santa Marianita del Olivo. Dice que los Sanjuanes son parte fundamental de su calendario. El resto del año, la agrupación recorre el país dando conciertos. Incluso viajan a Colombia donde su música y espectáculo son muy aclamados.

“Pero cuando llega julio, ya no salimos de Imbabura, porque es tiempo de Sanjuanes. Durante los conciertos tocamos música nacional durante las mudanzas. Pero cuando empieza el baile general si tocamos de todo”, comenta el músico.

Así, esta fiesta criolla, donde convergen los conocimientos indígenas con los de la fe católica, sigue contando la historia de Ibarra, de sus habitantes, de sus costumbres, de sus mixturas, de su evolución, y se sigue riendo de una parte de su historia cada verano.


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Una respuesta

  1. En Santa Lucia del Retorno aún se conserva la tradición de bailar de casa en casa, por un diezmo ..durante toda la noche, a ritmo de guitarras, bombo, cuernos que anuncian la visita….con chinas, chivos, negros……y sus bailes tradicionales, diferentes a los que se realiza en los estadios ..

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